MACKINAC ISLAND: LA ISLA EN DONDE NO SE PERMITEN AUTOS

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Conoce la única ciudad del continente Americano en la cual están prohibidos los automóviles.

Ya sea en vías de acceso controlado; estacionamientos; plazas y hasta céntricas calles, todos hemos ido en alguna ocasión a algún sitio en donde está prohibido circular en bicicleta, y eso ya no nos parece extraño. Pero, toda una isla en donde no se permite que circulen automóviles, y la única forma de transporte es la bicicleta, ni los países más “bicicleteros” – Dinamarca y Holanda – lo tienen.

Pues así es, en la Isla Mackinac, ubicada en el lago Hurón, uno de los Grandes Lagos, entre las dos penínsulas del estado de Míchigan, en Estados Unidos. Este es un lugar que podríamos considerar el paraíso de las bicicletas, ya que éstas, son el único medio de transporte que utilizan sus habitantes y los miles de turistas que la visitan cada verano.

En este edén ciclista la bicicleta es la soberana, de hecho, en este sitio hay unas 5.700 bicicletas registradas en total; que para un lugar con sólo 500 residentes permanentes, equivale a 11.4 bicicletas por persona, pero que apenas alcanzan para dar transportación a los poco más de 15,000 visitantes que llegan a abarrotar sus calles diariamente durante el verano.

Muchos habitantes de Latinoamérica, estoy seguro que se atreverían a decir: “seguramente Mackinac Island, debe ser un lugar para pobres al que nunca llegó el progreso”. Están equivocados.

La Isla Mackinac, es una popular zona turística, y además de ser famosa por no permitir automóviles en su territorio, también es el hogar del icónico Grand Hotel, un hito histórico nacional construido en 1887, y residencia de ricos y famosos que van a la isla a descansar y, por supuesto, a andar en bicicleta.

No es que haya sido algo personal por parte de los nativos. Pero desde que se estableció el primer asentamiento indígena norteamericano en el siglo XVII, y durante los siguientes 200 años cuando los europeos se instalaron, la única manera de moverse por la isla era a pie o a caballo. Así que cuando los turistas comenzaron a llegar a finales de 1800 con sus carruajes a caballos, a los lugareños no les gustó. ¡Ni un poquito!

Cuando llegó el automóvil de combustión interna, les gustó menos. Los automóviles eran mucho más ruidosos, y sus hediondos eructos de gases de efecto invernadero, resultaron ser un insulto a tan culta gente que habita la isla. Así que entre 1898 y 1901, la ciudad promulgó leyes que prohibían los vehículos a motor para proteger la salud y la seguridad de sus habitantes y turistas.

Después de unas décadas, las prohibiciones se convirtieron en un deseo encantador. Y hoy en día, los vehículos todavía son una prohibición con sus pequeñas excepciones. Se permiten los vehículos para la construcción, pero el transporte de mercancías se hace o a caballo o en bicicleta de carga, pero por razones de seguridad, también hay policías y vehículos de emergencia.

Y aunque la economía del lugar se alimenta del turismo, lo que aquí abunda son las tiendas de bicicletas y los lugares para rentar bicicletas. Aquí hay bicicleta para chicos, grandes y ancianos por igual. Una utopía hecha realidad desde el siglo pasado.