En Chile se nos olvidó la palabra “Reconocimiento”, A CRTV CHILE.. NO.

Samuel Del Valle fabricó bicicletas durante casi toda su vida. Heredó este oficio de su padre, Francisco Del Valle, quien fue el primero en hacer un marco en Chile en 1918. Muchos decían que su geometría y estructura estaban adelantadas en cincuenta años. “Comparo a Samuel con Da Vinci. Cuando los alemanes orientales crearon las primeras bicicletas aerodinámicas en 1984, él ya tenía los bosquejos desarrollados de mucho antes”, comenta Eladio Silva, conocedor del ciclismo nacional por décadas.

Vivió el ciclismo durante 65 años. Primero junto al Comité Olímpico, luego con la Federación de Ciclismo de Chile durante 32 años. En 1985 dejó definitivamente el área más profesional del deporte.

Por la década de los ochenta, en los Juegos Panamericanos los corredores de otros países veían las bicicletas de los chilenos y se acercaban a preguntar quién las hacía. Personas de todo el continente iban tras Samuel para que les fabricara una bicicleta a su medida. El mecánico se comprometía y llegando a Santiago las fabricaba. Estaba muy bien catalogado, ya que a diferencia de los demás mecánicos de las federaciones sudamericanas, él mismo construía los marcos. Además de la selección chilena, ayudó a la uruguaya, brasilera y colombiana, entre otras.

Nunca hizo una bicicleta igual a otra, ya que cada nuevo modelo que fabricaba tenía las medidas personalizadas de quien iba a recibirla. “Lo único que hizo igual en todos sus cuadros fue dejarlos increíbles”, expresa Danilo Villalobos, ex seleccionado juvenil cercano a Samuel. “Era un artista de las bicicletas y te entregaba la última tecnología con sus manos. Venía de la escuela de soldar a fuego vivo”, agrega.

 

Samuel se encargó de inculcar la pasión por las bicicletas en su familia y en cuanta persona lo rodeara. Tuvo ocho hijos y dos de ellos son mecánicos. Danilo Villalobos comenta: “Cuando chico jugaba con sus nietos y escuchaba historias extraordinarias. Me contaban que su abuelo viajaba y trabajaba por el mundo, y que siempre les traía regalos a todos”.

Con el tiempo, Danilo se hizo muy cercano a Samuel. En 1997, pasaba a su taller casi todos los días después del colegio. Eso sí, cuando lo pillaba, porque siempre se encontraba viajando con la federación. La gente se extrañaba de que un joven de quince años tuviera de mejor amigo a un hombre de casi setenta: “Prefería estar con él y escuchar veinte veces las mismas historias. Era una sensación inexplicable aprender de todo lo que contaba”.

Samuel le pasaba a Danilo los tubulares pinchados que la federación iba desechando. “Si quieres componentes buenos, esfuérzate y repáralos”, le decía al joven. Si bien tenía la disposición de ayudar a quienes lo necesitaban, también esperaba algún esfuerzo de la otra parte.

Leonardo Del Valle es uno de los ocho hijos de Samuel y trabajó con él durante mucho tiempo. El trabajo de su padre era tan minucioso, que ni observándolo era capaz de entender todo lo que hacía: “Me costó un montón aprender. Me obligaba a entender por las mías donde estaban los errores”. Leonardo podía pasar horas mirando y dando vueltas sin ver en qué fallaba. Finalmente era su tío Vicente, que trabajaba junto a ellos, el que lo ayudaba.

“Yo me preguntaba: ¿Eso era todo? Eran detalles mínimos, pero que a las finales eran los que le daban la fineza y calidad que caracterizaban sus cuadros. Él quería que yo aprendiera y me diera cuenta, que sacara mis propias conclusiones”, agrega Leonardo.

La bicicleta para Juan Pablo II

Corría el año 1979 y en Buenos Aires se disputaba el Campeonato Mundial en Ruta. Chile se hizo presente con Eduardo Carrasco como entrenador, Lino Aquea, Samuel Del Valle, entre otros. Una vez más, los miembros de distintas delegaciones se acercaban a preguntar por los marcos chilenos. Pero en esta ocasión, destacó un personaje especial: Ernesto Colnago, el segundo fabricante más prestigioso de la historia, solo detrás de la marca Bianchi. Las bicicletas Colnago tienen en su palmarés 29 campeones mundiales, entre ellos Eddy Merckx, Giuseppe Saronni y Paolo Bettini.

Ernesto Colnago se acerca a Samuel y lo felicita. Le resultaba impensado que alguien pudiera realizar un cuadro tan bien ejecutado en esas condiciones. Le preguntó qué troquel usaba, y Samuel respondió que no sabía lo que era, que todo era a mano. El italiano lo dejó invitado a su fábrica cuando estuvieran por Europa.

En 1980 se concretó la visita. La fábrica Colnago era gigante. Ernesto Colnago quería comprobar si era cierto que todo era hecho artesanalmente. Le dijo al chileno que pidiera lo necesario para fabricar, y él solo pidió simples herramientas como martillo, soplete, lima, etc. Dos semanas demoró para tener el cuadro listo, donde comprobaron que hasta los racores (finas piezas metálicas que sirve para unir los tubos entre sí) estaban hechas a mano, cosa que ni en Europa, continente pionero en ciclismo, lo hacían. Colnago, sorprendido, le pagó ambos cuadros y le agradeció.

Al tiempo después, como noticia mundial se comentó que el Papa Juan Pablo II recibió dos bicicletas en el Vaticano. “Nos dimos cuenta de inmediato que eran los marcos hechos por mi viejo, porque la fabricación europea era más industrial que artesanal. Esos cuadros eran inconfundibles”, explica Leonardo.

Leonardo Del Valle cuenta que un fotógrafo estadounidense se llevó un cuadro de Samuel pulido y sin pintar. Lo llevó a una industria de cuadros para que lo revisaran mediante rayos X, y los resultados arrojaron que los cortes y la soldadura estaban perfectos. “Querían contratarlo y que hiciera cinco mil cuadros mensuales. Le ofrecieron trabajar en Bélgica también. En Italia le pasaban hasta casa para que se llevara a su familia y hacer un nuevo taller. Rechazó todo porque no quería dejar el país ni sus círculos sociales. Siempre decía que teniendo para comer y su familia bien, era suficiente”, comenta.

El gerente de Bianchi le ofreció liderar la industria en Chile. La fábrica Legnano también. Los rechazaba a todos. No quiso tener que someterse a los tiempos de trabajo en una industria. Priorizó trabajar detalladamente en vez de grandes producciones. “En Estados Unidos le pedían cinco mil cuadros mensuales, pero nosotros íbamos a poder hacer seis”, comenta su hijo.

Una deuda pendiente

Desde que comenzaron a poner las primeras piedras hasta su inauguración en 2014, el Velódromo de Peñalolén tenía la promesa de llevar el nombre Samuel Del Valle, cosa que jamás se concretó. Leonardo Del Valle comenta: “Yo vi cuando pusieron la primera piedra y mucho se hablaba que sería homenaje a mi padre. No hay nada formal hasta el día de hoy, pero la familia ciclista sabe que lleva su nombre de manera simbólica”.

Fernando Vera recuerda que en la ceremonia de inauguración estaba Claudio Orrego. Él mismo habló con el entonces alcalde de Peñalolén, señalándole que era un pensamiento unánime de los corredores nacionales. “El viejo chico unía a todo el ciclismo. Nosotros le hicimos homenajes pero solo como círculo de ciclistas”, explica.

Sobre esa misma idea, Danilo Villalobos agrega: “Eran cosas solo de la familia del ciclismo. A nivel nacional debió tener más peso mediático. Ayudaría a culturizar a las nuevas generaciones con aquellas personas que le entregaron mucho al deporte”. El ex seleccionado juvenil explica que si quisiera vender los dos cuadros que tiene de Samuel, nadie le pagará el valor simbólico que significa para él. “Gracias a él, yo me enamoré de las bicicletas más que del ciclismo”, argumenta. Actualmente, se encuentra trabajando en un cómic sobre el Cruce Los Andes, donde incluye a muchos personajes y Samuel es uno de los principales.

Sin embargo…

El día de su retiro, llegaron delegados de la UCI (Unión Ciclista Internacional) y hablaron con la Federación Ciclista de Chile. Le encomendaron la gestión de mandar el currículum y un par de papeles más, cosa que jamás pasó. “Me preguntó, ¿por qué no lo hicieron? Hubiese ido a Suiza a recibir su premio. Nunca tuvimos respuesta”, explica Leonardo Del Valle.

“Pero la verdad nunca buscó el reconocimiento. Era humilde, pero sabía que era el mejor de todos los tiempos. No por idea suya, sino porque se lo dijeron en todo el mundo”, comenta el hijo de Samuel.

“Me pregunto por qué jamás nadie estuvo con él un año y escribió un libro. Faltó graficar lo que había en su cabeza. Él trabajaba por amor como los artistas, y los artistas dejan su huella en el tiempo. Las obras de artes no pasarán jamás desapercibidas, y eso es lo que hacía él”, concluye Danilo Villalobos.

En memoria de Samuel Del Valle, que el sábado 28 de abril de 2012, dejó su estancia en la tierra para formar parte de una constelación de leyendas que tanto aportaron al deporte y a la cultura nacional.

A Chile, se olvidó la palabra reconocimiento, y hay una deuda pendiente, Reconocer a nuestro gran chileno Samuel del Valle.

Agradecemos además  a quienes han aportado con video de sus bellas imágenes y a Claudio Castro, estudiante de Periodismo y amante del deporte.